...999 y 1.000

¡Que trabajo me ha costado! Que digo el trabajo que me ha costado contar hasta mil antes de ponerme a escribir sobre este espinoso asunto. Asunto que se ha convertido en polémica y que,  por cierto, menuda paradoja, ha conseguido unirnos a los españoles tanto como cuando ganamos el Mundial de fútbol. Entonces todos fuimos “la roja”.

Sí, lo han intuido, me refiero a la movida independentista del pasado sábado en Cataluña. ¿O era una manifestación contra el terrorismo y para homenajear a las víctimas?

Se dieron tantos esperpentos a la vez que aún me sonrojo solo con recordarlo.  Al margen del orden establecido en la colocación de los distintos participantes en la manifestación/homenaje  – alguien tendrá que explicar a nuestros nietos por qué las máximas autoridades del estado, el Rey y el presidente del Gobierno, no marchaban a la cabeza de la manifestación, como sí ha sucedido en actos similares, tanto en España como en otros países-, aquello era toda una reivindicación independentista.

La verdad es que no me esperaba otra cosa. Pandilla de impresentables. No me extrañó lo más mínimo el abucheo continuado que tuvo que soportar nuestro Rey. Pero me dolió, vaya si me dolió. No soy especialmente monárquico, pero sí educado y respetuoso con los símbolos de mi país, y es el Rey, junto con nuestra bandera, los máximos que tenemos. Y, les guste o no, hay que respetarlos.

Pero esos indeseables oportunistas y carroñeros del sábado no lo hicieron así. Y tuvimos que tragarnos el resto de España, los que seguimos con congoja el sentimiento de la manifestación, como en lugar de honrar a los asesinados, se culpaba de ello al estado español y a sus dirigentes. Insultándonos a través de nuestros máximos representantes.

Creo que va siendo hora de que se acaben la contemplaciones con tanto gañan que quiere hacer suyo un territorio y una cultura que nos pertenece a todos.  Esos que hace un cuarto de hora no conocíamos nadie y que ahora  enarbolan el sentimiento patrio-catalán más poderoso que el del mismísimo honorable Tarradellas. Y ahora que he nombrado al “Honorable”, con él comenzó todo. Es decir, desde que se instauró la democracia, todos los presidentes de la comunicad catalana, sin excepción alguna, han sacado provecho de sus votos para sacar tajada del melón nacional chantajeando (para mí no era negociar)  al presidente del gobierno de turno. A todos. Desde Adolfo Suarez, pasando por Felipe Gonzalez, Jose Maria Aznar, Jose L Rodriguez Zapatero y Mariano Rajoy, han clavado rodilla en tierra, firmando pactos y acuerdos, en muchas ocasiones abusivos, con tal de salvar su/nuestra  propia política.

Alguien tendría que haber sabido decir que NO. Y, claro, de aquellos barros, ahora, estos lodos. Tarradellas, Pujol, Maragall, Montilla, Mas y Puigdemont, todos ellos, menos quizás este último porque se lo ha encontrado todo hecho, han jugado una partida de cartas siempre con las barajas marcadas, pero siendo todos los jugadores conocedores de cómo se iba a desenvolver la jugada. No nos llamemos a engaño.

Tengo familia directa en Cataluña – no vaya a nadie a pensar que hablo gratuitamente- y algunos amigos, y muchos conocidos, y siempre me ha dado la sensación que ellos, con razón o no (yo creo sinceramente que sin ella) se consideran superiores al resto de los mortales españoles. Aunque hay que reconocer que al menos políticamente han sido mucho más astutos que nuestros gobernantes. Y así nos luce el pelo ahora.

El cuerpo me pide realizar otras reflexiones menos “correctas”, pero, por respeto, y por la calentura que me invade mejor callo…1001, 1002, 1003…

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