Cristina de España

¡Ay Cristina!, parece mentira que en julio cumplas 54 años. Sí, 54 añazos. Cualquiera lo diría. Y, ¡que inocente! No sé si tú o nosotros. Me refiero a lo de inocente.

He oído tus palabras de dimisión de esta mañana. He mirado tus ojos. Y me ha dado pena lo que he visto. Realmente, y lo digo de corazón, me pareces una política auténtica, fajadora, feminista –dentro de lo que los hombres hemos estamos empezando a aprender a tolerar como para aceptarlo sin que nos duela el orgullo-, rubia – no tonta- y con carácter para gobernar una comunidad tan complicada  - por culpa, entre otros, de los de tu propio partido – como es la madrileña.

Y ahí estabas esta mañana, rabiosa, fastidiada, humillada, pero sin romperte. Que narices. Si eres capaz de que te fabriquen un master y de que te saquen un muerto del armario – dichosa cinta con lo del hurto de las cremitas- y recomponerte, eres capaz de cualquier cosa. Ahí les duele a los tuyos. Ahí está lo peligroso del asunto.

No defiendo para nada lo que has hecho, lo que han hecho tantos y tantos “abusones de cargos” de este país, pero no puedo dejar de reconocer que tienes más bulto entre las piernas que el “soso” de tu presidente- menudo chollo el de don Mariano con tanta zancadilla dentro de tu partido- . Y aún y así, todavía tienes narices para decir que dimites para no permitir que la izquierda más extremista -¡que viene el lobo! – gobierne la comunidad que presidias.

Tiene narices lo tuyo, y perdona que me repita. No entiendo, ni conozco – ni mucho menos me interesa – conocer vuestras consignas internas, pero después de todo lo acaecido me huele más mal que regular tu postura y la de tu partido en todo este asunto.

Estaremos pendientes a ver a donde finaliza tu dimisión.A la espera estoy de ver el cadáver de algún enemigo pasar por la puerta de tu casa. Que es la mía, vamos, la nuestra, la de todos los españoles. Si no, al tiempo.

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