De verdad, ¿estamos locos?

Lo que narro ha sucedido en Málaga, pero me temo que pueda ocurrir en otros lugares.

Resulta que hay unos vecinos, de distintos puntos de la ciudad, que han interpuesto sendas denuncias al Ayuntamiento  por exceso de ruidos. Su descanso se ve perturbado, y eso es sagrado. Y es que lo venimos diciendo hace mucho tiempo: las cafeterías y bares, se pasan las normas y las multas por donde ellos saben, y  de paso incumplen varias normas básicas: mantienen los locales abiertos hasta altas horas de la noche y además, el ruido en las terrazas es cada vez mayor.

Ese coctel es explosivo, y claro, ha estallado.  ¿Cómo? ¿Que la queja no ha sido por los ruidos de bares y restaurantes? ¡Anda ya! ¿Tampoco el ruido se produce a altas horas de la madrugada? ¿Ni tan siquiera a más de las nueve olas diez de la noche? Pues entonces no lo entiendo…

¡No me lo puedo creer! Pues resulta que las denuncias en cuestión son contra colegios donde se realizan prácticas deportivas, concretamente baloncesto. Como lo leen, ¡jugando al baloncesto!

Es que estos niños no tienen remedio. Se creen un Fogg, o un Alberto Díaz cualquiera y se emocionan y ¡hasta meten canastas de tres…! y gritan, vaya si gritan. Oeee, Oee,... Y los amigos y padres que van a animarlos, a esos desagradables y ruidosos partidos, comportándose como hooligans gamberros, van y aplauden cada canasta que entra, ¡por Dios! Donde vamos a llegar. Que ni incluso ha sido de tres.

Pues nada, ahí están, a las tres, a las cuatro, a las cinco, a las seis… ¿de la madrugada?¡nooo!, de la tarde, dando la lata. Animando a los niños a hacer deporte. Con la malo que es eso para las articulaciones. Luego cuando sean mayores se quejaran de las rodillas y de lo mal que tienen la espalda. Y el dineral que costará todo eso a la seguridad social.

Y estos cerebrales y responsables vecinos, velando por nuestro interés general, menos mal, van y presentan denuncias. Es lo normal. Está al orden del día eso de denunciar a los niños porque hacen el gamberro con una pelota. Sea de futbol o de baloncesto, o de lo que sea. Ja,ja,ja, que gracia. No, la de los vecinos no. No, la de las autoridades competentes, que van y cursan la denuncia. ¡Eh! Que han medido antes lo decibelios y que es verdad, que los responsables vecinos denunciantes llevan razón.

Me viene a la cabeza esa vecina que denuncio varias veces a su marido porque le daba candela con el puño cerrado, y no se lo tomaron en serio hasta que…bueno, el final ya se lo pueden imaginar. Vale, dejo la demagogia.

Total, que aquí tenemos tres clubes de baloncesto, con miles de niños a aficionados, compuestos y sin campo donde jugar. Igual cualquier día de estos o dentro de unos años, esos chavales que hoy tienen prohibido practicar su deporte favorito porque hacen mucho ruido, son los mismos que a las tres o las cuatro de la mañana, pasan cada fin de semana debajo de mi ventana, pateando todo lo que tienen a mano, insultando a la noche – digo yo que será a la noche porque a eso hora no hay un alma en la calle- y profiriendo gritos y canticos cuyas letras no quiero reproducir. Y están denunciados unas pocas de veces. Pero ahí continúan, puntuales cada fin de semana.

¡Ay! Si los hubiésemos dejados dejugar en el patio de su colegio…! Es que no me lo puedo creer.

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