Despedida a Manuel Alcántara

Al maestro Manuel Alcántara

Apenas contaba con 20 años, allá por los años setenta del pasado siglo, cuando me aficioné, también, a la lectura del periódico, mejor dicho a tu columna en el diario SUR.  Descubrí que era la forma más sencilla y divertida de tener un resumen de la actualidad, local, nacional e internacional, todo ello en trescientas palabras. Y  así hasta hace unos días.

Te he leído durante toda mi vida, te he admirado durante toda mi vida, hasta creo que a la hora de escribir mis intermitentes artículos, parece que imito – que más quisiera yo -  tu estilo. Aunque te aseguro que no es imitación, es el resultado de haberte leído durante cuarenta y dos años, y algunos días más. Llevo impregnado tu estilo como si fuese mi propio ADN literario.

Hace dos años tuve la suerte de poder conocerte personalmente. Un grupo de amigos te entregamos el premio Malagueño del Año – Asociación gastronómica periodista Paco Rengel- al que asististe con la mayor disposición y cordialidad. Y tuve la suerte de que charlásemos unos minutos con cierta tranquilidad. Me dio tiempo a expresarte mi admiración, a comentarte mis recuerdos de este o aquel artículo, quería contarte muchas cosas de mi pasión por la escritura, por las personas. Me escuchabas con atención, me mirabas y sonreías.
¡Ah! Me palmeaste repetidamente el hombro y me dijiste que no te hablase de usted, que el “usted” entre “colegas” no cabía.  Por eso hoy me permito tutearte. No sé cuánto tiempo aguantaré haciéndolo.  

Aquel día nosotros te dimos un regalo, consistente en una biznaga de plata –símbolo de nuestra tierra y representación escogida para nuestra distinción anual –, pero tú sin saberlo me diste el más grande que podría recibir: me llamaste “colega”, y eso nunca lo olvidaré.

Ahora me he quedado, nos hemos quedado, sin el maestro. Ya nadie contará las cosas como lo hacías tú. Ya nadie mirará el mediterráneo con la admiración, el amor y la complicidad de tu serena mirada. No existe otro Manuel Alcántara.  

He aguantado más de lo que pensaba con este impostado tuteo.

Hasta siempre señor, querido maestro. Descanse usted en paz.

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