El maestro

Tenía yo un maestro en el colegio, se llamaba don Juan, bueno, se llamaba Juan, pero nosotros, como era de ley, le llamábamos con el “don” por delante – qué tiempos aquellos- , al que teníamos verdadera y admiración, y respeto.

Cuando don Juan entraba por la puerta de clase, esta, la puerta, se hacía pequeña, pequeña. Recuerdo que nos miraba a todos con sus penetrantes e inquisidores ojos y luego, esbozando una sonrisa nos saludaba con un: “buenos días tropa, ¿habéis descansado lo suficiente como para aguantar toda la mañana aprendiendo?”, a lo que nosotros respondíamos a coro, más o menos coordinado: “Sí, don Juan”.

Y comenzaba a hablarnos de los Pirineos, las montañas que nos separan de Francia. Sí, que ya sé que no hace falta que lo diga, pero déjenme que me recree en aquellos momentos. “…Los habitantes de Francia, los franceses, son nuestros vecinos del norte. Hablan un idioma que se llama francés y que vosotros, si queréis ser hombres de bien el día de mañana, deberíais aprender…”. Así era don Juan. Yo quería ser de mayor un maestro, como don Juan.

Un maestro, según la definición del diccionario es “una persona de mérito relevante entre los de su clase”. Sí, esa era la definición que mejor le cuadraba a mi maestro.

Y en inglés, maestro se dice master. Y claro, la gente quiere ser un master, o tener al menos el título. Y pasa lo que pasa. Mi hijo está haciendo un master en la universidad de Barcelona. No lo hace en Málaga porque esa especialidad no se da aquí – diseño en tres dimensiones y cosas de esas -. Quiere ser maestro en lo suyo y vaya si le está costando trabajo. Y dinero, claro. Pero se ve que las reglas no son iguales para todo el mundo y algunos – o muchos - lo obtienen sin pisar la universidad, sin ir a clase, sin tan siquiera estudiar. Imagino que pagar sí que pagaran, pero cuanta gente conozco con el dinero suficiente como para, si pudiesen, comprar todos los títulos que jamás han podido conseguir estudiando. Es que eso viste mucho. Pero ¿y qué sucede con la formación que trae aparejada un título de esas características?

Estos días nos está tocando vivir otro show vergonzoso, ya he perdido la cuenta de cuántos van, de algunos de  nuestros políticos. Ahora a cuenta de los masters que consiguen por la cara, para engordar un currículo. Pero yo no me quedo solo en lo de engordar su currículo y me pregunto dónde está la formación que traería aparejada si realmente lo hubiesen cursado. Esa es una estafa en toda regla que no podemos permitir de ninguna manera, ni a políticos ni a no políticos. Pero lo peor de todo es que estamos tan acostumbrados a que nos mientan, que he oído decir estos días a más de una persona que no entiende tanto lío por un simple papel de nada. Tal como lo cuento. Master que no son master y políticos que no lo son.

Si viviese mi maestro, don Juan, les pondría un cerapio en conducta y toda la mañana mirando a la pared. Eso fijo. Ese sí que era un maestro.

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