El tocino, la velocidad y los panolis

Hace unos días, los ciudadanos de varias de las más importantes ciudades de nuestro país por su número de habitantes- no vaya nadie a pensar mal, que es que últimamente tenemos la piel demasiado fina y en seguida nos soliviantamos-, han visto secuestradas sus calles, su derecho a circular y a usar un servicio tan básico como es el transporte por culpa de la huelga de taxis o la guerra de los vehículos con conductor, que cada cual lo llame como quiera.

No se me va a ocurrir a entrar en valoraciones de quien lleva o no razón en este escabroso asunto, aunque lo que sí ha quedado meridianamente claro una vez más, es que somos los panolis de a pie, los ciudadanos, los que aguantamos las velas de todas esas naves, y de tanto hacer de “palo” cualquier día nos vamos a romper.

Y resulta que en medio de tanta información y desinformación, va y se entera uno que las licencias aprobadas en su día para los famosos VTC, o sea, la competencia de los taxis y el motivo de esta huelga –guerra que no ha hecho más que comenzar-  , está en manos de empresarios, banqueros, fondos de inversión y algún otro que oportunista más. ¿Se me entiende? Vamos a ver, que estos señores, entre todos ellos tienen más de 10.000 licencias. ¿Lo pillan? Que si cada licencia la compraron, por poner un ejemplo, a 4.000 euros, se venden por…50.000!!! (Datos de El Confidencial) y claro, hay que sacar las licencias para adelante como sea.  Menudo negocio de estos “privilegiados”; menudo chollo de país el nuestro.

Si se va a dar un servicio público lo normal sería que fuese la administración quien controlase todo este tinglado, pero no, una vez más está en manos privadas. Empresarios de diversos sectores industriales, banqueros... ¿Qué tienen ellos que ver con el transporte?¿De donde les viene ese interés por lo público? A que resulta que va a ser por dinero.

¿Qué tendrá que ver el tocino con la velocidad? Va a resultar que los cerdos van más rápido que el coche de Hamilton. Y los panolis que aguantamos los ”palos” de los demás aquí en medio.

Dios, que veranito.

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