La efímera ilusión

(Sirva este articulo como retractación y solicitud de disculpas por mi parte por el contenido de mi artículo “El otro campeón del mundo”.)

Hace unos días se publicó en diferentes medios una carta escrita por el seleccionador de fútbol de Croacia Zlatko Dalic, de la que me hice eco de manera inmediata, en la que criticaba duramente a las instituciones de su país, especialmente a la clase política y les pedía que no utilizasen a la selección para sus fines partidistas. Al mismo tiempo comunicaba que dada la situación por la que atraviesa el país, destinaban los 23 millones de euros ganados por haber conseguido el subcampeonato del mundo, a una fundación para niños croatas. Servidor, poco acostumbrado a leer noticias de este tipo, se cargó de renovada ilusión en el género humano y me pareció una magnífica oportunidad para difundir tan solidario y poco habitual mensaje.

Pero la ilusión me duró más bien poco ya que a los dos días de publicar mi artículo, y ante el revuelo internacional, y dentro de la propia Croacia, que había levantado la mencionada carta, pronto se descubrió que no era cierto que la hubiese escrito el señor Dalic, ni por supuesto nada de la donación a los niños. Me avisó mi amigo Bernardo que está siempre al tanto de lo que se cuece – gracias Bernardo por estar siempre ahí- , y ante la frustración de la realidad, decidí que debía aclarar lo sucedido.

Que resulta que en realidad la carta la escribió un tal Igor Premuzic, cuya intención no era otra que crear un universo paralelo, remover conciencias y de paso generar polémica. Y lo ha conseguido.

Cuando sucede algo así a uno se le quedan las manos paralizadas y la mente temblando de rabia. No, al revés.

Pero a parte de escribir esta nota pidiendo disculpas, algo que se hace indispensable en este caso, lo sucedido debe servirnos a todos, a mí como narrador y a ustedes como leales lectores, para comprobar lo efímera que puede llegar a ser una ilusión, sobre todo cuando, como en esta ocasión, parte de una falsedad, por muy loable que sea la intención de la noticia.

Amigo Igor, me has hecho la puñeta, pero al menos me ha servido para reafirmarme en mis ilusiones infantiles, esas que nunca me fallaron: el ratón Pérez y los Reyes Magos. Y ahí continúan.

Mis disculpas.

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