Un fin de semana inolvidable

En el mar apenas soplaba una brisa. La lámina azul infinita saludaba a los pasajeros con pequeñas olas de espuma blanca. Diminutas, como pañuelos de seda evolucionando de forma desordenada, a su antojo. Todo un espectáculo.

Con la caída del sol, la suave brisa se transformó en una hiriente corriente de frío. Pero no había problema. Apretujados se soporta todo el que sea necesario. El sonido de fondo de una radio permitía oír las noticias de las últimas horas. A nadie importaba que no pusiesen música de ambiente. Tiempo habría para la música. Ahora había que llegar a tierra.  

Y la radio hablaba sobre un encuentro de presidentes de los países más ricos y poderosos del mundo, G7 le llaman. Estaban reunidos para solucionar los problemas más acuciantes del planeta. Que suerte para todos nosotros.  Que mala suerte para los ocupantes del barco “Prudence”. Bello su nombre. Como su misión: rescatar a náufragos del mar. Que mala suerte. Resulta que aunque tenían a vista de pájaro la costa del descanso y quién sabe si de la salvación, no les permitían desembarcar.

Ahora se oye claramente el llanto de un bebe; ahora el de dos más. Los bebés son así. Llora uno, lloran todos.

Hasta cinco recién nacidos. La radio continúa con su monótono parte informativo. Pues eso, que aunque tienen la costa enfrente - la bella Sicilia-, deberán aguantar al menos doce o catorce horas más de navegación.

Amontonados. Viajaban el doble de los que realmente caben. Pero no es cuestión de quejarse al capitán.  ¡¡Pero si la costa esta justo ahí!! A apenas treinta minutos…pero nada. Los señores que están reunidos para salvarnos a todos nosotros, no quieren que se les moleste. Los siete, los del grupo G7, así le llaman, no pueden ser molestados, no sea que pierdan la concentración y no surjan las ideas que nos puedan salvar a todos. Que suerte poder contar con ellos.

De esta manera, los 1446 rescatados del mar en 14 peligrosas operaciones, continuaron hacinados, otras catorce horas más, porque los señores del G7, así les llaman, mantenían una reunión en Taormina. A pocos  kilómetros de donde presumiblemente iban a desembarcar estos 1446…¿terroristas?

Por fin llegaron a Nápoles y fueron atendidos por los voluntarios de las ONG.  ¡Viva Medico sin Fronteras! Ellos una vez más son los que han puesto la cara, la cruz y el corazón. Los demás, cada uno a lo nuestro. Después terminaron de pensar los señores de G7 y, vaya, que pena, no alcanzaron acuerdo alguno.

Acabaron la reunión tal y como la comenzaron. Vacíos por dentro y por fuera. Subieron a los jets privados de cada uno de ellos,  y mientras sobrevolaban la costa de la bella Sicilia, iban henchidos de orgullo de haber dedicado unas horas de su vida en pensar en todos nosotros. Que buenos los señores del G7, así les llaman. Que suerte tan inmensa ternemos.

Lo dicho, un fin de semana inolvidable.

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