Visita al médico

Esta semana la comencé visitando al médico y la he terminado, hoy mismo, de la misma manera. Quiero narrar mi caso por si remotamente le ha pasado a alguna otra persona. Para que esté sobre aviso.

Resulta que, como decía, comencé la semana tan ricamente: deporte por la mañana, algo de trabajo de escritura, lectura y un rato de televisión- informativos básicamente-. Pero conforme pasaron los días fui sintiendo unas molestias estomacales que pronto pasaron a ser unas nauseas de un grado tan elevado que me impedían comer, casi respirar. Muy desagradable.

Y decidí ir al médico. Le narré todos mis síntomas y, quitándole importancia, me recetó un jarabe que me aseguró me haría efecto inmediato. Comencé el tratamiento y esperé el ansiado resultado. Pero nada. Volví a visitarlo y, extrañado, me hizo una analítica, unas pruebas estomacales y hasta un test de vértigo. Nada, sano como una rosa. No se explicaba lo que me ocurría. Repasamos todo lo que comí los días previos a mi estado. Nada, de nuevo todo correcto. Me mandó tomar dieta blanda y continuar con el jarabe si no remitían los síntomas.  Regresé a casa un tanto descorazonado y puse la televisión. Lo que me faltaba: no funcionaba. Se había quedado muda. En vista de ello me enfrasqué en la lectura.  Dario Fo. Se los recomiendo. Un compendio de comedias hilarantes. Y, milagro, poco a poco comencé a notar una notable mejoría. El televisor continuaba apagado y yo, la verdad, sin ganas de encenderlo. Finalmente, ya que se acercaba el fin de semana, el jueves avisé a un técnico y con destreza lo reparó en tan solo unos minutos. Un chip de no sé qué que se había ido. Llegué justo a tiempo para ver el informativo de medio día.  Maldita decisión. Al poco de ver el informativo regresaron las nauseas con más fuerza si cabe. Mi sentido común me hizo descubrir la causa de mi problema: esas nauseas eran realmente ASCO, sí, con mayúsculas. ASCO de ver el circo que tienen montado nuestros queridos políticos con los títulos, master, carreras y la educación que los parió. Sin ningún pudor se acusan unos a otros, con todo el cinismo del mundo sabiendo, los que acusan, que ellos mismos tienen mucho que callar. En un carrusel interminable de acusaciones, ofreciendo un espectáculo vergonzoso. Y claro,  a uno, que tiene sentimientos, se le acaba revolviendo el estómago y enfermando.  Con las mismas regrese el viernes a ver al médico a contarle mi descubrimiento. No saben ustedes cuanto se alegró. Resulta que por lo que se ve, se ha desatado una especie de epidemia y no daban con la causa. Locos andaban investigando.

Ya lo saben si tienen estos síntomas o parecidos, apaguen el televisor o cambien de canal. Son los de siempre amargándonos la existencia. Asco me dan.

JL Pinto

Ver comentarios

Lee los últimos artículos directamente en tu email.